En este lugar solo existimos tú y yo, el resto del mundo es pura ficción.

Todo lo que aquí escribo y escribiré,

ha pasado por mi corazón, mi mente y mi ser.

Resumiendo el tiempo

Pues eso, que resumiendo al final han vuelto a pasar varios meses desde que pasé por aquí. La verdad es que no puedo ser constante, tal como dicen las normas que uno debe ser para tener seguidores. ¿Acaso quiero seguidores?, en realidad creo que no, aunque también es cierto que a uno le gustan las visitas.

Resumiendo: ha pasado el verano, me he quedado sin vacaciones por ahí fuera, ¡la crisis tiene la culpa!, y el gastar más de la cuenta. Menos mal que, después de todo, mi mujer ha hecho un curso y es posible que nos termine saliendo rentable, por lo menos en un par de meses recuperaremos el coste del curso. Ha comenzado el colegio y los niños vuelven a las clases y aprovechando que teníamos pendiente estudiar idiomas, pues nos hemos apuntado a alemán. No sé cómo me irá a mí concretamente, ya que no puedo asistir a todas las clases, pero ya veremos. Como tardaré varios meses en volver por aquí ya contaré como nos ha ido.

En cuanto a la parte deportiva, que seguimos llevando a cabo, el inicio de la temporada ha sido y es realmente caótico. Estamos esperando una llamada de teléfono para ver si una chica se hace cargo de continuar entrenando a las niñas. La anterior entrenadora, se ha puesto a trabajar y, tal como temíamos, nos ha dejado. Desde luego no puede decir que ella haya puesto nada de su parte para que la transición de una entrenadora a otra fuera lo más leve posible para las niñas, porque nada más comenzar a trabajar, en tres días, ha dejado de venir a entrenar a las niñas. Menos mal que los padres, principalmente madres, se han dado cuenta de cómo ha sido todo y no nos responsabilizan demasiado de todo esto. Todo el mundo pregunta y nosotros lo único que podemos decir es que seguimos en la lucha por mantener este club. Mucho trabajo, mal pagado (ni un céntimo) y peor agradecido.

Dando un paseo

Hace mucho tiempo que me vengo acordando de la necesidad de pasar por aquí, para verme a mí mismo. Hoy por fin tengo algo de tiempo, aunque no mucho.  Ocuparme de varias cuentas de correo, de otro blog, menos personal y más público, exige mucho tiempo. Además está el trabajo.

Vengo dando un paseo rápido, para ver nada más cómo andan las cosas por aquí.

Hemos terminado la temporada deportiva, con resultados bastantes satisfactorios teniendo en cuenta cómo hemos pasado todo el curso, en instalaciones inadecuadas y con problemas de horarios, de entrenamientos y un sin fin de cosas. Ahora queda ir liquidando memorias, solicitud de subvenciones y esas cosas.

Espero volver a sacar unos minutos para volver por aquí, y espero que no pase tanto tiempo, pero eso es algo que ya se verá.

Un día más.

Son casi las once de la noche. Estoy aquí, sentado ante el portátil, tratando de dar forma a los pensamientos que bullen constantes en mi cerebro. En esta habitación que ocupo ocho o diez días al mes, bueno, ésta no porque he cambiado a una habitación más pequeña, con armario empotrado, algo más cálida, menos húmeda, más acogedora. Me siento sólo, perdido. Intento huir a través de las palabras escritas que no logro poner en orden.

A veces la soledad me abruma, pero es tan corto el tiempo el que ella me hace compañía que casi no puedo echarla de menos y, sin embargo me abruma. Todas estas noches, cuando vuelvo del trabajo y me encierro en esta pequeña habitación, ingreso nuevamente en un mundo del que nadie es partícipe, sólo yo.

A veces quisiera una simple sonrisa, un saludo tenue, una leve mirada que hiciera más evidente mi existencia, ser consciente de que sabes que existo, que estoy ahí. Pero no sé quién eres tú.

Es un lío, es tanto lo que tengo dentro que se atropella por salir y da lugar a cosas sin sentido y hace que me pierda en todos y cada uno de los recovecos de las ideas que se cruzan a toda velocidad, como trenes sin control.

Por eso el bloqueo es tan largo, tan continuo, sin permitir que el espíritu se exprese con libertad. Me resulta imposible seguir, no soy capaz de ordenar las ideas.

Cuánto cuesta volver

Es como recordar. Un tiempo pasado que no tiene por qué ser mejor, pero que fue un presente casi olvidado. Es como volver a tu antiguo barrio, a tu antigua casa. Te trae muchos recuerdos pero no quieres decepcionarte cuando, al llegar, descubres la miseria que es ahora todo aquello que recuerdas con tanto cariño.

Por eso cuesta volver. Tiempo que te falta; los días que van pasando; el deseo de hacer algo y no poder, hasta que llega el momento de poder y ahora no querer. Cuesta retomar lo dejado hace tanto tiempo. Ya no es lo mismo, no es la misma línea de los acontecimientos, ésta se ha perdido en ese tiempo de blancos y negros, de grises fotogramas casi olvidados a propósito, con el fin de dejar espacio a los nuevos recuerdos, a las nuevas fotos en color.

Ya no soy quien fui, o a lo peor, es que no quiero serlo. Nuevos proyectos alumbran el camino del futuro, bifurcado de caminos antiguos y ya andados, con elecciones que tal vez sean equivocadas, o tal vez no. La ilusión por encaminarse en una dirección nos da fuerzas para continuar hacia una meta incierta, una meta mitificada de tantas veces imaginada, llena de colores de sonrisas de parabienes. A veces inalcanzable.

De aquel antiguo camino que seguí, a los lados, en las riberas de los ríos que llevan sus aguas de forma inexorable al mar, en los bosques de la memoria voy dejando amigos, conocidos, personas con las que compartí un momento, un segundo, una sonrisa siquiera. Hoy casi no nos conocemos, nos cruzamos por estos nuevos empedrados que no sabemos a dónde nos guiarán y no nos atrevemos a levantar la vista y preguntar ¿qué tal te va? Hoy ya no tenemos nada en común. Simplemente lo tuvimos.

En esos tiempos, semanas, días, horas, las fotos se cuartean, pierden sus colores, las vivencias se tornan recuerdos, los recuerdos pierden su color, su olor y hasta su sabor. Aunque quieres no puedes volver. Es el desastre de la vida. Crees que no tendrá fin y sin embargo todos los días son un final, nunca un principio. Pierdo mi tiempo buscando respuestas a preguntas que no tengo, o quizá me pierdo en mí mismo tratando de hacer las preguntas para las respuestas que no quiero. Nadie lo entiende, ni siquiera yo.

Cuántas veces me he sentado y, tratando de imaginar una historia como ésta, he fracasado. Tengo el impulso de salir adelante, de empujar las puertas cerradas para abatirlas, de coger un bolígrafo o ponerme delante de un teclado, ¿para qué? No lo sé. Es un impulso. Dar sentido a esa historia personal que nadie va a conocer, que nadie va a leer. Es como en internet, si no estás no existes. Si no escribes tu alma no queda en ninguna parte, nadie te conoce, no eres. Quedaré perdido en el tiempo, tras aquellas líneas que, aunque escritas con pasión y celos, nadie va a leer. Y aunque quede aquí, nadie sabrá quién soy, quién fui.

Quiero volver a aquellos años en que las palabras con o sin sentido brotaban como de una fuente para construir versos, líneas de una historia inconexa, dando sentido a una parte de ese tiempo en que un día sí que fui. En fin ya no es tiempo de palabras fugaces, rápidas, llenas; creo que llega el momento de meditar, pensando despacio sobre cada cosa que hago, cada palabra que escribo. Sin embargo esto es lo que hay.

No tuve valor

Ciertamente no logré sacar el tiempo necesario para volver. Hasta ahora. Quince minutos, no tendré mucho más. Seguro. Estos días he estado liado buscando, como hago desde que tengo internet, recuerdos. Es increíble, cómo después de 27 años puedes llegar a tener, aunque sean ínfimas, noticias de los antiguos compañeros de colegio, a los que no has visto en todos esos años, de los que no has tenido noticias y de los que te separan algo así como 1000 kilómetros de distancia.

A veces me pregunto por qué ando siempre buscando cosas como esas. Recuerdos. Los perdí. No sé, hay momentos en la vida que te parten. Para sobrevivir prefieres olvidar, las cosas que dejas, los amigos, los amores, los sitios, las alegrías, las penas… todo. Olvidar con el firme propósito de no sufrir.

Algo que ha permanecido fresco en mi memoria, igual que si fuera ayer, es la angustia que sentí, mirando a través de la ventanilla de un coche, no sé de quién, mientras salíamos del barrio donde me crié, de mi barrio. Me marchaba para no volver, por lo menos a vivir. Nunca he podido desprenderme de ese recuerdo, de esa lágrima que no llegó a salir.

Han pasado los años y echo de menos esos recuerdos que nunca debí olvidar. Quiero recuperarlos, pero es difícil puesto que están rodeados de una gran angustia, un gran dolor. Una familia rota, gente de luto, niños pequeños, una esposa que llora delante de su hijo mayor. Juguetes usados, los pasteles de los martes, los días de mercado, el camino del colegio… mi colegio.

No tuve valor para decir no me quiero ir.

No tengo tiempo

Eso, que no tengo tiempo. Cuando no me dedico a historias y quehaceres relacionados con la gimnasia rítmica, me dedico a la familia, y cuando tengo tiempo paso por aquí, trato de leer algo de los demás; me entretengo demasiado y ya no me queda tiempo; tengo que cenar para irme a currar de noche. Mañana… no sé… la verdad es que quisiera pero… ¿tendré tiempo?

Un saludo amig@s.

La copa de vino que no te bebas hoy…

Cómo puedo decirte que te quiero sin que eso suponga un lastre en nuestras vidas.

Cómo gritarle al mundo que te quiero si no puedo.

Cómo susurrarte que te deseo si no debo.

Todo es tan difícil a veces. Ves pasar los días, las noches, las horas, los años… El tiempo nos va dejando un amargo sabor de todas aquellas cosas que no hicimos, porque no pudimos o porque no nos atrevimos. Ahora te vas dando cuenta de la cantidad de cosas que te has perdido en la vida y lo peor es que ya no se pueden recuperar. La copa de vino que no te bebas hoy, no te la beberás mañana.

Sin ánimo de hacer daño, simplemente amar, amar más allá de los límites, amar más allá de los cuerpos. Lo más grande no es querer, si no sentirse querido. Me hubiese sentido maravillosamente reconfortado de haber podido dar ese beso en su momento, ese abrazo tan necesario, para que no te sintieras sola, abandonada. Las etiquetas sociales no permiten semejantes deslices, en el momento en que ocurran ya está todo mal hecho. ¿Por qué?

Solo hay un momento en la vida en que todo eso nos da igual, en que todo es color de rosa, en que no hay etiquetas que nos cierren las puertas, aprisionen nuestros sentimientos. Pero poco a poco, todo eso va pasando y, lo peor de todo, es que la mayoría olvida esos momentos. ¿Por qué?

Hoy he vuelto a dejar una copa de vino…

No sé qué hacer

Hace unos meses, en el club de gimnasia donde está mi hija, se realizaron elecciones, así como de andar por casa, con el fin de renovar la junta directiva, puesto que las que hasta ese momento se habían hecho cargo de todo, hartas, decidían no continuar. Ante los pocos que estábamos, seis, pues me eligieron como presidente. ¡Qué suerte!. ¡Una mierda!.  Esto no es un simple cargo, sea el que sea, más bien es una carga. Yo hubiera estado encantado de continuar como estábamos, puesto que yo realizaba una labor de secretario, sin mucho trabajo, pero sí que estaba empezando ha hacer determinadas gestiones, siempre apoyado por mi mujer, cuando no era ella misma la que se encargaba de moverse, para pedir subvenciones y ayudas económicas. Pero resulta que tenemos una “señora”, que está convencida, o por lo menos eso creemos, que su hija debe ser la próxima gran gimnasta que represente a España en las próximas olimpiadas o algo por el estilo. La citada, hoy por hoy, no se habla con la mitad de los que integramos el club, pero ahí sigue: como una almorrana, pero nada de silencio, no, a grito pelao como una vulgar verdulera en medio del mercado. Tenía las funciones de secretaria que se las ha pasado por el arco del triunfo, puesto que no ha dado ni golpe, no ha hecho ni un solo papel (dudo que sepa hacer alguno) y además se encargaba de la tesorería, realizando, únicamente cobros y pagos a las entrenadoras y algunas otras cosas, de las que me he tenido que enterar mediante el seguimiento directo de las finanzas del club. Lo gracioso del tema es que está absolutamente convencida de que no tiene que dar cuentas a nadie, ni presidente ni junta directiva ni asamblea general, se cree por encima de todas las normas y de todas las personas.

¿Echarla?, eso es como si tienes una muela cariada; sabes que tienes que ir al dentista pero no quieres pedir cita. Obligada casi por petición popular dimitió públicamente de sus cargos y posteriormente por escrito, pero no se ha ido, no. Se ha quedado para dar por culo a todos los que nos hemos estado escornando por conseguir mejorar, aunque sea un poquito, el funcionamiento de este club. No es que yo lo diga, es que lo dicen todas las madres, casi cincuenta, y lo dicen todas las niñas, que están supercontentas este año tal y como van las cosas. Supongo que algo habremos hecho bien.

Dimití. Pues claro que lo hice, no estaba dispuesto a que nos pusieran patas arriba o a bajar de un burro con sus acusaciones e insultos, hasta en público. Pero no me aceptan la dimisión. Podría insistir, claro, pero todo el trabajo y todas esas niñas se quedarían a verlas venir por no defender mi puesto, ya que nadie quiere hacerse cargo del club. Esta señora, junto con alguna de sus amigas, pretenden, desde el principio, que se larguen, primero las niñas y después las madres, que puedan hacer sombra a sus hijas, como si hiciera falta. Quieren hacer su cortijo particular. Desde el principio he comparado su actitud con la de un niño pequeño que quiere el juguete de otro: si no lo tengo te lo rompo.

Hay una Señora, ésta sí merece mayúsculas, que ha logrado que este club sobreviva los últimos cuatro años, llegando hasta nuestros días, y está intentando que nos mantengamos en la dirección del club para que esto pueda continuar funcionando. Ha estado haciendo de relaciones públicas con varios socios para rechazar de plano mi dimisión y que nombre una nueva junta directiva, un nuevo grupo de trabajo, que nos deje y nos ayude a caminar hacia delante. Contamos, con seguridad, con el apoyo de muchas madres y muchos padres, porque esa era una de mis intenciones, lograr involucrar a cuantos más mejor. De lo que no estoy seguro es de querer seguir viendo las caras de víboras de estas señoras.

No digas que no te lo dije

Te dije que no vinieras, pero viniste;

te dije que no llamaras, pero llamaste;

te dije que no entraras, pero entraste;

te dije que no cogieras la llave, pero la cogiste;

te dije que no abrieras esa puerta, pero la abriste;

te dije que no lo tocaras, pero lo tocaste;

te dije que no lo rompieras, pero lo rompiste;

te dije que no te fueras, pero te fuiste;

¡Qué hago yo ahora, con un corazón roto!

Gracias

Eso, gracias a todos los que os pasáis por aquí para ver qué demonios estoy haciendo. Estoy demasiado ocupado, pero no penséis que me he olvidado de esto, el problema es el tiempo. el tiempo que no tengo, que se me escapa de las manos y, por si fuera poco, el tiempo que tengo que compartir el ordenador.

Volveré, sí es una amenaza.

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