No tuve valor

Ciertamente no logré sacar el tiempo necesario para volver. Hasta ahora. Quince minutos, no tendré mucho más. Seguro. Estos días he estado liado buscando, como hago desde que tengo internet, recuerdos. Es increíble, cómo después de 27 años puedes llegar a tener, aunque sean ínfimas, noticias de los antiguos compañeros de colegio, a los que no has visto en todos esos años, de los que no has tenido noticias y de los que te separan algo así como 1000 kilómetros de distancia.

A veces me pregunto por qué ando siempre buscando cosas como esas. Recuerdos. Los perdí. No sé, hay momentos en la vida que te parten. Para sobrevivir prefieres olvidar, las cosas que dejas, los amigos, los amores, los sitios, las alegrías, las penas… todo. Olvidar con el firme propósito de no sufrir.

Algo que ha permanecido fresco en mi memoria, igual que si fuera ayer, es la angustia que sentí, mirando a través de la ventanilla de un coche, no sé de quién, mientras salíamos del barrio donde me crié, de mi barrio. Me marchaba para no volver, por lo menos a vivir. Nunca he podido desprenderme de ese recuerdo, de esa lágrima que no llegó a salir.

Han pasado los años y echo de menos esos recuerdos que nunca debí olvidar. Quiero recuperarlos, pero es difícil puesto que están rodeados de una gran angustia, un gran dolor. Una familia rota, gente de luto, niños pequeños, una esposa que llora delante de su hijo mayor. Juguetes usados, los pasteles de los martes, los días de mercado, el camino del colegio… mi colegio.

No tuve valor para decir no me quiero ir.

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